En el fútbol como en la vida, hay que caer para levantarse, soportar para entender y soñar para lograr, porque después, todo valdrá la pena. La desmeritada Copa que parecía tener un simple valor emocional, catapultó a la mejor época de la historia a un León que rugió tan fuerte que hizo sentir a miles la gloria.

Un año después del regreso de la Copa Colombia, hasta la suerte estuvo del lado cardenal. Guiados por los Marios y un par de argentinos, Independiente Santa Fe  encontró el camino.  En el duelo definitivo, sufriendo hasta el pitazo final, los penales defirieron que el gozo esa noche sería para todos aquellos que estaban vestidos de rojo.

Luego llegaron los títulos que bordaron estrellas. Títulos que hicieron más fuertes la fe. Pasaron 5 años para que el equipo bogotano disputara una nueva final de la Copa Colombia, donde la ilusión siempre estuvo intacta. Sin embargo, otra vez el fútbol dio una lección. Ante el Deportes Tolima, la victoria 2×1 de Santa Fe no fue suficiente y en el Coloso de la 57, la copa fue ‘Vinotinto y Oro’.

Un año después, como una revancha divina, Santa Fe llegó otra vez a la final de la Copa. Esta vez ante un tiburón barranquillero que traía afilado el espíritu para no dejar escapar su premio. El golpe del Junior en el primer partido por poco noqueó al conjunto capitalino. Dos goles en contra harían que en Bogotá, Santa Fe dejará hasta su último aliento para darle la vuelta al marcador. Más allá de su lucha y el gol del venezolano Seijas, de nuevo se escapó el título.

Ahora, parece que todo está perdido, que el daño es irreversible. Pero aún quedan 90 minutos, 5.400 segundos de una utopía llamada fútbol que nunca para de sorprender, y que una y otra vez nos ha enseñado que el partido no termina hasta que suena el silbatazo final. ¿Creen en las remontadas?


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